domingo, 18 de mayo de 2014

Atanasia Capítulo 13

Me despierto con la suave luz que ahora inunda la habitación. Otra vez vuelvo a darle vueltas a los mismos asuntos, mi maestro, Zeil, Nahu... Ahora mismo todo es un completo desorden, casi tanto como mi cabello rubio, así que me pongo en pié y me hago una trenza que mas tarde recojo en forma de moño. Me siento en la cama, tratando de dejar mi mente en blanco, todo está en calma, demasiado en calma para la hora que es... Deben de estar durmiendo aún, asi que doblo las mantas y me dispongo a subir para despertarlos por sorpresa. Todo esto me recuerda a buenos tiempos cuando estábamos juntos, cuando todo era mas fácil...
Giro la manilla del dormitorio sigilosamente, espero ver a los chicos durmiendo, pero al abrir la puerta no encuentro nada, ni nadie, ya no están las provisiones, ni Kenta, ni Zeil, ni Nahu, solo unos montones de heno aplastado. Tiro las mantas al suelo cuando la monja me habla a las espaldas:

- ¡¡Buenos días, querida!! - dice cantarina.

- ¿Y los chicos? - Le digo sin apenas mirar hacia ella, todavía escudriñando la habitación sin hallar rastro de ellos.

- No sé, tu deberías saberlo...

- ¿Dónde están?

- Quizás tenían alguna cosa que hacer y salieron temprano.

- ¿Qué cosa?

- Quizás deberías seguirlos.

- ¡Oiga!, deje de hablarme con enigmas y dígame a dónde se han ido o qué es lo que han hecho.

- No son enigmas, son verdades, aún que tu no te des cuenta.

- ¿Sabe? Tiene razón, quizás debería seguirlos. - Digo mientras me marcho enfadada, empiezo a estar harta de esa señora y de sus rarezas, si no fuera por que nos está ayudando...

Inspecciono la iglesia y alrededores, el portón está abierto, asi que supongo que se han marchado, el coche aún está ahí así que me monto, arranco el coche y miro atrás mientras oigo el rugido del motor, puedo ver a la monja apoyada en el borde del portalón diciendo algo.

- Buena suerte...

Solo hay un camino así que es por ahí por donde voy, en el trayecto me encuentro un grupo de cuatro chavales, aminoro el paso hasta poder oír su conversación.

- Ese idiota se ha llevado mi moto - oigo decir a uno así que freno y me bajo del coche.

- Disculpa, oí que alguien te ha robado la moto. ¿Por casualidad no sería un chico de ojos... lilas?

- Así que tu lo conoces, ¿eh? - se me acerca amenazante uno de pelo trigueño y ojos grises.

- !Claro que lo conozco! ¿Pasa algo? - Digo acercándome unos pasos a él.

- Uuuh, la niña nos ha salido valiente. - se empieza a reír maliciosamente y el resto del grupo le sigue la gracia mientras se cierran en circulo - Él ya estará demasiado lejos, pero a ti te tenemos aquí, y sinceramente - me mira de arriba a abajo - te prefiero a ti...

- No me cabrees chaval, no me gusta lastimar a nenes mas pequeños que yo.

Me mira con una mirada asquerosa e intenta agarrarme pero lo esquivo, vuelve a intentarlo pero esta vez hago aparecer una pared de roca a la que golpea sin darle tiempo esquivarla y se cae al suelo. Los demás se quedan paralizados mientras el otro se lamenta en el suelo.

- ¿Alguno más? ¿No? - digo unas palabras arcanas, evocando un hechizo, entre susurros y hago brotar un árbol del suelo del cual las ramas enganchan a los chicos y los dejan ahí colgados, se ven tan ridículos... Me voy riendo yo sola mientras pincho las ruedas de las motos restantes. Al menos ahora sé que voy por buen camino.

Me subo al coche y prosigo mi camino. Al rato de seguir la misma carretera diviso a lo lejos una gran ciudad. ¿El Primer Gobierno? ¿Porqué allí? No detengo el coche a pesar de que el miedo invade mi ser. Llego a la ciudad y aparco en cuanto puedo. Camino algo perdida y voy a dar a la plaza cercana al castillo, me parece ver a Zeil y corro abriéndome paso entre la gente, o al menos lo intento. Persigo una corazonada que resulta ser verdadera, siempre se me ha dado muy bien encontrar a Zeil y a Nahu. Diviso al presunto Zeil en dirección al castillo y una figura a lo lejos. ¡Saummus! intento acelerar el paso pero me es imposible, hay demasiada gente. Saummus abre sus brazos a Zeil, este acepta el gesto y se funden en un abrazo.

- ¡Zeil, no! ¡¡ZEIL!! - grito, pero no consigo avanzar nada entre la multitud... Él no me oye.