jueves, 31 de octubre de 2013

Nahuel Capítulo 10

Zeil se mueve despacio y dificultosamente. Carga bastante su peso sobre mi, pero al ser yo más grande no me es dificultoso. Le tumbo boca abajo obedeciendo las instrucciones que me indica Torin desde la otra punta de la sala. Le ato con fuerza pies y manos, espero no pasarme de fuerte pero si no sería molesto para Torin y no haría su trabajo con eficiencia.

- Lo siento - dice la mujer acercandose - ésto no te va a gustar nada.

Me retiro unos pasos para que la médica haga su trabajo. Veo a Zeil tensarse bajo el tacto de la mujer.
Los puños del joven aprietan con fuerza. Rápida y con mucha maña, Torin agarra las vertebras descolocadas y las coloca con un crujido grimoso y un grito desesperado de Zeil. Me giro, no puedo verlo así, pero aún así sigo oyendo a Zeil sufriendo.

- Zeil, - es la voz de Torin, me vuelvo de nuevo y veo que le acaba de inyectar una sustancia en la espalda a Zeil - no te preocupes, tal vez pierdas la visión durante unas horas, o tal vez tengas vómitos momentarios, pero para por la mañana estará recuperado.

Torin me hace señas para que la ayude y entre los dos lo desatamos. No mueve ni un músculo. Torin se retira ya hecho su trabajo, yo le sigo. Supongo que Zeil querra estar solo.

Me dirijo a la arena, entre Zeil y yo hemos dejado el combate colgado. Aún viendo a Zeil así no puedo el evitar sonreir. Le gané. No me lo creo. Pero esta victoria no me vale. Zeil ya venía cansado de pelear contra el gigante aquel.

- "No, pelearé otra vez contra él y le venceré con todas las de la ley. Ya no soy un niño débil, soy un luchador." - me digo a mi mismo mientras atravieso la puerta y los focos vuelven a iluminarme. La gente vitorea como nunca. Ha pasado un buen rato pero hay mucha gente. Miro a mi madre, pretende parecer enfadada, pero en sus ojos puedo ver el orgullo de que yo haya derrotado al principe maldito de el Primer gobierno. Recojo mi espada y la alzo. No crei que fuera posible, pero los vitores se hicieron más fuertes. Ver a mi pueblo así me motivó a no darme por vencido nunca. Si provoca esta reacción en la gente un simple juego de gladiadores no puedo imaginar lq alegría que acarrearía el poder ganar la guerra.

Me retiro por la puerta por la que entré. Veo un catre, en donde estaba puesto el niño que venía con Zeil. Me tumbo en él, estoy agotado. Necesito descansar, poco tiempo pasa hasta que me quedo dormido.

Me despierta el sonido de mi teléfono vibrando. Lo cojo sin siquiera mirar de quien se trata.

- Nahuel, hijo - la voz de mi madre sale del aparato. Parece preocupada. - No has venido de vuelta al castillo. ¿Estás bien? ¿A ocurrido algo fuera de la arena? Voy para allí.

- Mamá, tranquila estoy bien. No hace falta que vengas. Sólo que... - el siguiente sonido que oigo es la comunicación cortada, me ha colgado sin dejarme tiempo a replicar.

Miro a través de la minúscula ventana que hay en la estancia y veo que he dormido más de lo que esperaba. Estoy algo preocupado por la situación de Zeil. Hago caso omiso a lo que dice mi madre y voy a verlo de inmediato.

- Señor, - me dice Lon según ver aparecer mi figura por el pasillo. - Torin se ha marchado a descansar, llevamos observando a los dos jóvenes toda la noche. El niño ha dormido, pero el principe no.

- ¿Los informes de Torin estan dentro?

- Sí, alteza. En sus lugares correspondientes.

- Vale. Lon, ve a descansar. - le digo poniéndole una mano en su hombro y
entrando en la enfermería.

Veo a Zeil dibujando, supongo que para matar el tiempo, y el niño está durmiendo como un tronco. Me centro en recopilar la información documentada por Torin y conseguir una comida adecuada para Zeil. Pido que le traigan pescado, es algo nutritivo y en los informes de Torin pone que es lo que mejor le sentirá, ya que carece de olor y sabor.

- Come esto, - le digo serio poniéndole la bandeja con comida delante. - dice Torin que no tiene ni sabor ni olor, así que no te va a sentar mal.

- ¿Seguro? - comenta sarcástico - Me dijo eso las otras veces y lo acabe hechando todo.

- No me voy a ir hasta que lo termines - uso un tono seco para que vea que voy en serio. Cojo una silla y me siento a observar como come.

No ha comido ni la mitad del pescado cuando mi madre irrumpe en la enfermería con gran estruendo. Mira a Zeil con recelo y me mira a mi con una mirada en los ojos entre cabreo y preocupación.

- Pero Nahuel, ¿qué haces con éste niño falto de lucided? - me regaña.

- Mamá, te dije que no hacia falta que vi...

- Perdone, señora. - interrupe Zeil - Pero creo que no sabes quien soy. - se levanta con dificultad y, a pesar de que los cables se lo impiden, se coloca frente a mi madre, desafiandola - Soy Zeil, el heredero del trono del Primer Gobierno. Y además, no me falta ninguna luz.

- Perdone señorito asesino a todo lo que se mueve - responde sarcástica mi madre. Ignora a Zeil y se dirige a mi de nuevo. - Nahuel, no quiero que pases mas tiempo con este crío inútil.

- Mire, abuela no quiero que me insulte... - Zeil se intenta acercar más a ella, pero le detengo. No puedo permitir que se sobrepase, le aniquilarian por solo tocar a la reina y además no está en condiciones de hacer nada.

- Hijo, ama la naturaleza; a pesar de lo que hizo con él.- miro a mi madre, se está pasando. Noto a Zeil tenso, casi temblando de rabia detrás mia.

Zeil evita crear una guerra más grande de la que ya hay y despierta al niño para marcharse. Se desconecta de todo y sale de la enfermería.

- Mejor que se vaya lejos. - dice mi madre cruzando los brazos, obteniendo una pose orgullosa. No puedo hacer otra cosa que mirarla con rabia.

- Me defrauda que como reina te rebajes a esa posición. Tanto con "tu padre esto, tu padre aquello". Pues mi padre siempre decía que el mejor monarca es humilde y no se rebaja. Pon tu también en práctica algo de eso.

Salgo corriendo tras Zeil y el niño. Se que las palabras que le he dicho a mi madre son hirientes, pero alguien se lo tenía que decir. Los alcanzo en la salida. El niño está guiando a Zeil, supongo que se habrá quedado sin visión. Agarro a Zeil del hombro y se gira defensivamente pero se retracta.

- Espera Zeil - suplico.

- ¿Realmente crees que te voy a hacer caso? - replica.

- No, pero estás medio ciego y si comes devuelves todo. Por lo menos deja que te acompañe hasta medio día.

- De acuerdo- dice después de reconsiderarlo. Lo dice además de mala gana, no le hace ilusión que vaya - pero yo voy a moto y rápido. Y pasado el horario marcado somos de nuebo enemigos a matar.

- Vale, sigueme.

No creo que deseen ir a pie así que les llevo hasta el garaje real, donde se guardan todo tipo de vehículos. Miro a Zeil y veo que sus ojos se le van a una moto Terami Z343. No puede conducir moto ninguna, así que le cojo de los hombros y le llevo hasta un coche negro. Como si fuera un niño pequeño, corre hasta la puerta del piloto y se coloca al volante.

- Es mejor que conduzca yo. - le replico - Va a ser más seguro para todos.

- Eh... perdona. Aquí soy el mayor, conduzco yo, además, tu no sabes como conducir para llegar al Primer Gobierno. - ahí me ha pillado, no me queda otra que ceder.

- Pero a la primera que te tuerzas, tomo yo el control.

Zeil arranca el coche revolucionandolo y con gran velocidad salimos del garaje. Da algo de grima porque se nota el poco control que tiene con el coche, está más acostumbrado a las motos. Con su brutalidad al volante no puedo hacer otra cosa que agarrarme lo más que puedo al asiento. Miro para él, una leve sonrisa le asoma. ¿Le divierte que tema por mi vida? No ha cambiado.

Sigue el camino del oeste pero decide salir de las carreras principales y vamos por las afueras. Al ir por la ciudad no nos queda otra que ir a la vera del mar. Es un paisaje bonito. Se me recuerda a la colina a la que suelo ir. Yo ando ensimismado en la ventana, el niño se ha dormido, pobre tiene que estar agotado y Zeil conduce, aún que a veces conduce por instinto porque está en babia. Ignoro a Zeil porque me pone nervioso y me centro en el mar, tan grande y azul. Aún recuerdo cuando le prometí a Ata que algún día lo veriamos juntos, y si se podía lo surcariamos los dos. De eso ya fue hace diez años. Un frenazo brusco me saca de mis pensamientos.

- Mierda - Zeil ha detenido por completo el coche.

-¿Pero qué te pasa?- pregunto sorprendido. Al mirarle veo como se frota los ojos y acto seguido apoya la cabeza contra el volante, supongo que ha perdido la visión. .- Venga, fuera, ya cojo yo el  coche.

Sale sin rechistar lo cual me sorprende, el Zeil que yo conocía habría querido hasta conducir ciego.
Nos cambiamos posiciones. El niño con el frenazo también ha despertado y mira la situación en silencio. Arranco el coche y lo hago con más suavidad que Zeil. Es bastante expresivo así que le noto en la cara que conduzco muy suave para su gusto, aún que sinceramente me da igual.

- Kenta... -rompe Zeil el silencio dirigiéndose al niño, así que su nombre es Kenta. No tenía ni idea de como se llamaba el pequeño. - ¿Podrías hablarme más sobre Xingron?

¡¿Xingrom?! Ese es otro de los nombres o términos que salian en mi antiguo tomo. Si mal no recuerdo denomina la fuerza, el fuego oscuro.

- Si...- habla el niño por primera vez - Como te decía, es ataque. Tu famila en la antigüedad dominaba ese ataque por conpleto, pero una fuerza negativa corrompió ese poder: el fuego oscuro, cuyo color es malva. Los elegidos por los poderes ancestrales son personas únicas. Pero en el caso del Xingrom ninguno de los elegidos que lo intentó controlar en su totalidad pudo controlar esa fuerza para bien.

Continuo conduciendo por la carretera en la que tomé el control del coche, ya el mar quedó atrás hace tiempo y el desierto nos rodea completamente. Todos estamos callados. De repente el coche se empieza a parar lentamente. Miro el indicador y no hay gasolina. Con tantas prisas que se dio Zeil no me dejo echarle gasolina al coche y ahora nos vamos a quedar tirados en medio del desierto. Empujamos para sacar el coche de mitad de la carretera. Pero me da que por aquí no pasa ni un alma en la vida. Vaya catástrofe.

- Nahuel... - me dice con una cara de no muy buenos amigos - ¿Sabes dónde estamos? - le respondo con un gesto de no tener ni pajolera idea de en donde estamos exactamente. Porque me parece una estupidez decirle lo obio, que estamos en medio de un desierto. - Estamos en el desierto de las tierras altas, sin coche no salimos de aquí vivos. Y... si te parece bien morir de deshidratación... - me suelta irónico.

-Me da la sensación de que conoces bien este lugar.- me apoyo en el coche para descansar la espalda.

No dice nada. Me giro y veo que ha cogido su espada y se dirige a toda velocidad contra una silueta a lo lejos. Hay poca visibilidad debido al polvo, pero se ve que viene agitando los brazos. Corro hacia Zeil para evitar una desgracia, esa persona no es lo que él piensa.